En un estado diferente de conciencia inducido a través de la auto hipnosis, he accedido reiteradamente a lo que algunas tradiciones llaman el Yo Superior. También denominado “Self” por el psiquiatra Carl Gustav Jung, se trata de un estado de conciencia expandida que puede ser aprovechado para la comprensión profunda de nuestra propia existencia y de todo lo que la compone. Estaré publicando en esta sección, entonces, lo que mi mente lógica me ha permitido interpretar de estas experiencias personales tan subjetivas y tan difíciles de integrar, por lo que solicito atentamente al lector su total discreción.
Pares Energéticos
Debo iniciar estas reflexiones compartiendo a quien amablemente me lee que todas las experiencias peculiares que he tenido bajo estado hipnótico son inducidas (no son espontáneas).
En ningún momento he sido importunada por información que yo no haya decidido plantearme, por tanto lo que yo provoco que me suceda es dignificante, intenso y profundamente interesante para mí, en muchos sentidos.
Con un ferviente deseo de ayudar a mi prójimo a sanar física, emocional y energéticamente, he decidido dirigir mis reflexiones única y exclusivamente a temas que me permitan entender a los individuos desde una perspectiva que complemente mi metodología y mi terapéutica.
He observado con frecuencia que muchas personas que tienen vivencias parapsicológicas como las mías, se pierden en un mar mental, emocional, que los angustia y los confunde. Yo he decidido, pues, mantenerme enfocada en temas que aporten algo a mi actividad profesional que tanto me apasiona y que tanto respeto. Sobre esta premisa, desde mis primeros trances empecé a entender que la raza humana, individual y colectivamente, está irrefutablemente integrada a la vida cósmica, cuya forma de existencia es la energía. Y que todos y cada uno de los seres que lo habitamos obedecemos a las leyes que conforman el universo. En otras palabras, un ser humano es un fractal universal. Si bien dicha energía tiene muchas formas de manifestación, su propio nivel evolutivo no le permite al ser humano ni experimentar ni comprender muchas de estas formas.
Muchas personas se muestran indiferentes a nuestra existencia inmaterial, tal como puede quedar un niño pequeño que estudia el primero de primaria, frente a un pizarrón cuajado de signos y operaciones matemáticas que resuelven una ecuación diferencial parcial no lineal. Otras personas prefieren aferrarse con uñas y dientes al mundo tangible, porque hacerlo les da certeza y les alivia el miedo de enfrentarse a lo desconocido, negando toda existencia de cuestiones fuera de su normalidad. Y están también los valientes, los curiosos, los que se adentran como pueden en este conocimiento laberíntico que muchos estamos tratando de desentrañar.
La gran lección de mi primer trance fue la siguiente:
“Todo en el universo funciona en pares energéticos: luz-oscuridad, arriba-abajo, adentro-afuera... No se trata de una dualidad, se trata de una condición sine qua non nada puede existir en el universo y tú no eres la excepción. Tú también tienes y conformas un par energético, existe un otro que te complementa y con quien formas una unidad".
Visualicé entonces una pila (batería). Debo comentar que mucha de la información que recibo toma la forma de imágenes en mi mente, sencillas de entender. Con esa visión, me quedó claro que mi ser es un polo de la pila, que otro ser es otro polo de la pila y que entre los dos formamos la unidad Pila. Entendí así que cada partícula, cada célula, cada ser, cada ciudad, planeta, galaxia, tiene su complemento en algún espacio-tiempo. Y saber que mi par energético es, está, por qué y para qué , me conmovió profundamente.
Creo haber comprendido en ese trance, además, que el par energético de los seres humanos conserva lo que podríamos llamar el “disco duro” compartido por ambas entidades. Y que ese ser mantiene incorruptible la información álmica de la unidad conformada por los dos.
Al final, poder asimilar que todos tenemos un complemento indestructible me ha dado no solo sentido, sino dirección: una invitación a seguir explorando, pero con los pies en la tierra y el criterio abierto.